Suspirar a la vida en modo brisa a veces salva más que cualquier desastre natural.
No es cuestión de heridas, ni de golpes, ni de balas, ni de brechas, ni de vacíos, es cuestión de abrazos, de besos, de caricias, de miradas, de amaneceres y atardeceres rozando la arena que inunda una playa llena de recuerdos.
Es el comienzo de un día que acaba en noche sin saber quien da paso a la luna,si el sol o tus labios.
Es un invierno de frío, corvirtiéndose en un verano de calor.
Es un propósito que vuela y se posa en la sonrisa de un desconocido con brillo en los ojos.
Es un paseo de la mano con el tiempo revolviéndote el pelo, y jugando con tus ganas de parar el minutero.
Es una fiesta improvisada cuando te pilla la euforia con una copa en la mano y no le puedes negar un baile.
Es una azotea con vistas a una ciudad mientras sale de ti la voz de un niño diciendo: Quiero quedarme aquí para siempre.
Es conocer el lado oculto del amor después de haber hecho del amor algo irreparable.
Es mirar hacia los lados y sentir como el futuro se te va de las manos en forma de personas que encuentran su camino.
Es descubrir como se siente al cumplir un sueño detrás de otro y a la misma vez cortarte las alas.
Es perderte a ti misma cuando crees que te estás encontrando y engañarte cuando piensas que lo que estás haciendo es lo correcto.
Es crecer sin poder mirar hacia atrás porque la velocidad te arrastra sin poder salvarte.
Es darte cuenta de que lo fácil no existe y que lo difícil es para volverse loco, para llegar a la conclusión de que estás loca de remate por culpa de la vida.
Es hacer balanza con los problemas y ver que abunda más lo negativo que lo positivo.
Es querer mejorar y caminar por encima de lo imposible.
Es empezar un año nuevo lleno de posibilidades, oportunidades, esperanzas, objetivos y sueños donde las (son)risas infinitas son los 7 pecados capitales y las 7 maravillas del mundo de cada uno de vosotros, empezando por mi y acabando por ti.
Déjame repararte.
Déjame cuidarte.
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