miércoles, 14 de octubre de 2015

La chica anonimato

Solía ser una chica despreocupada que contemplaba los detalles de una naturaleza cualquiera, mientras paseaba ausente de dolor.

Madrid la atrapaba, rozaba el cielo con la punta de los dedos cada vez que alzaba la mirada a las nubes. Era soñadora, viva, ilusa, simple. Nunca decía que no por miedo al fracaso, pero fracasaba más que ninguna otra persona.

Se había enamorado dos veces en su vida y pensaba que una tercera no debía llegar nunca, porque su corazón no estaba hecho a prueba de balas.

Le gustaba salir de noche cuando nadie la veía a perderse en estrellas fugaces, para sentirse como en casa. Estaba cansada de tanta monotonía, pero le faltaban alas para echar a volar.
Cuando echaba la vista atrás se llevaba las manos a la cabeza siempre con una sonrisa de kilómetros de autopista.Tendríais que haberla visto cuando se reía, las agujas del reloj se paraban para iluminar su presencia.

Los cuentos no estaban hecho a su medida, escribía su propia historia infinita. Cada mañana, miraba por la ventana e imaginaba una vida paralela en un mundo donde no importase más el dinero que la humanidad.

Sus padres la educaron en valores y en razones, por eso siempre que le preguntaba por qué me abrazaba como nadie, me decía que no había nada que el amor no curara.

-¿Cómo se aprende a no vivir con miedo? le preguntaba. Y ella me contestaba:
-¿Ves a esa persona de ahí? A simple vista es feliz, pero seguro que ha tenido tantos problemas que su único camino de salida ha sido sonreír a la vida para saborearla mejor.
La vida es pasar por al lado de gente que sufre pero que sigue respirando, y de personas que a pesar de sufrir te dan aire para que sigas sonriendo. A vivir sin miedo se aprende sin dejar de respirar hondo por cada uno de dos pasos que te quite aire.
Y nunca se equivocaba.

-Nunca fui buena en los juegos del azar,pero se como es la suerte desde que te tengo conmigo. Eres como un trébol de cuatro hojas en primavera de un año no escrito. Eres diferente. 
Sus palabras se quedaban a vivir en mi sin ni siquiera darme cuenta de que eran ocupas fijas.


Pasaron los inviernos y el frío se metió en medio de dos latidos congelando un sentimiento vivo.Nunca supe por qué existía el dolor pero se me olvidó lo que era desde que ella se volvió estación para mi.